Soy Pablo Inguanzo, cardiólogo infantil.
Hace más de 15 años que acompaño a chicos y familias en el cuidado de su salud cardiovascular.
Algunos llegan para un apto físico. Otros porque el pediatra escuchó un soplo, porque apareció algún síntoma o porque necesitan continuar los controles de una cardiopatía.
Cada uno tiene su historia. Y para mí, conocerla es parte de la consulta.
Me formé como pediatra en el Hospital Elizalde y después como cardiólogo infantil en el Hospital Garrahan.
Durante más de 15 años trabajé en el Servicio de Cardiología Infantil del Hospital Universitario Fundación Favaloro, donde acompañé a chicos con diferentes problemas cardíacos, desde consultas habituales hasta cardiopatías que necesitan seguimiento durante años.
Actualmente también formo parte del Servicio de Cardiología Infantil del Sanatorio Güemes.
Esa experiencia me enseñó algo: además de estudiar el corazón, es importante escuchar a quien tenemos enfrente.
En mi consultorio, los chicos también tienen voz
Me gusta hablar con ellos, preguntarles qué sienten y explicarles lo que vamos a hacer.
A veces alcanza con mostrarles una imagen de su corazón. Otras veces, un dibujo ayuda más que una explicación llena de palabras difíciles.
Por eso suelo tener papel y lápices cerca.
También me tomo el tiempo de conversar con los padres. Entiendo que cuando se trata de la salud de un hijo aparecen preguntas, y quiero que puedan hacerlas.
Mi idea es que, al terminar la consulta, sepan qué encontramos, qué significa y cómo seguimos.
También soy papá
Tengo tres hijos y disfruto mucho compartir tiempo con ellos.
Nos gusta salir a andar en bicicleta, jugar al fútbol y aprovechar los fines de semana para estar juntos.
Ser papá me permitió conocer otra parte de la infancia: las preguntas inesperadas, las ganas de descubrir cosas y también las preocupaciones que aparecen cuando un hijo no se siente bien.
Quizás por eso disfruto tanto cuando un chico se anima a preguntar algo durante la consulta.
Nos vemos en el consultorio
Atiendo en San Miguel, Don Torcuato y Nordelta.
Podés consultar por un apto físico, un soplo, dolor de pecho, palpitaciones, estudios cardiológicos o el seguimiento de una cardiopatía.
Si necesitás una consulta para tu hijo, elegí la sede que te quede más cómoda.