Menos pantallas, más movimiento: 5 claves para transformar la rutina de tus hijos
Cuando era chico, con mis hermanos y amigos teníamos un lugar cerca de casa donde nos juntábamos a jugar a la pelota.
No era una cancha de verdad. Los arcos eran improvisados, las líneas no existían y las reglas se iban acomodando según cuántos éramos.
Lo que sí teníamos eran ganas de jugar.
Podíamos pasar horas ahí. Terminábamos transpirados, cansados y, muchas veces, discutiendo si la pelota había entrado o no.
Hoy veo a mis hijos crecer en un mundo bastante diferente.
Las pantallas están presentes en casi todo: para estudiar, hablar con amigos, entretenerse y jugar. Y muchas de esas cosas también tienen su lado bueno.
No creo que la solución sea prohibir la tecnología ni pretender que los chicos tengan la misma infancia que tuvimos nosotros.
Pero sí creo que hay algo que vale la pena recuperar: hacer que moverse vuelva a ser una parte natural de todos los días.
Y para eso, como padres, también tenemos que cambiar algunas costumbres.
1. No todo el movimiento tiene que ser un deporte
A veces pensamos que para que un chico haga actividad física tenemos que anotarlo en fútbol, natación o alguna otra disciplina.
Y está buenísimo si le gusta.
Pero también cuenta ir caminando a algún lugar, andar en bicicleta, bailar, jugar a la mancha o salir a pasear al perro.
La actividad física no tiene que ser siempre organizada, competitiva ni tener horarios.
Lo importante es que haya oportunidades de moverse a lo largo del día.
2. Busquemos algo que realmente les guste
No todos los chicos disfrutan del fútbol. Ni de correr. Ni de los deportes en equipo.
Algunos prefieren bailar, patinar, nadar, andar en bicicleta o simplemente jugar al aire libre.
Cuando una actividad les gusta, es mucho más fácil que quieran repetirla.
Y si todavía no encontraron algo que los entusiasme, podemos probar distintas opciones sin presionarlos.
La idea es que el movimiento no se convierta en otra obligación.
3. Hagamos lugar en la rutina familiar
Entre el colegio, las tareas, el trabajo y las actividades de cada uno, a veces el día se termina sin que hayamos tenido un rato para movernos.
No siempre hace falta organizar una gran salida.
Podemos caminar después de cenar, ir a una plaza el fin de semana o aprovechar un rato libre para andar en bicicleta.
En casa, por ejemplo, disfruto mucho salir a pedalear con mis hijos o jugar un partido de fútbol.
No importa demasiado quién gana. Lo que me gusta es ese tiempo que compartimos.
Y de paso, todos nos movemos un poco más.
4. Las pantallas necesitan un lugar, no necesariamente desaparecer
La tecnología forma parte de la vida de nuestros hijos y también de la nuestra.
El problema aparece cuando pasar mucho tiempo sentados frente a una pantalla empieza a desplazar otras actividades importantes: jugar, dormir, compartir tiempo con otros o hacer ejercicio.
En lugar de pensar solamente en cuántas horas usan el celular, podemos mirar qué está dejando de pasar por estar frente a él.
¿Tienen tiempo para moverse? ¿Duermen lo suficiente? ¿Se encuentran con amigos? ¿Disfrutan de otras actividades?
Esas preguntas pueden ayudarnos a organizar mejor los tiempos.
Y los adultos también tenemos que revisar nuestros hábitos. No es muy convincente pedirles que dejen el teléfono si nosotros estamos todo el día mirando el nuestro.
5. Empecemos con cambios que podamos sostener
No hace falta transformar toda la rutina de un día para otro.
Podemos empezar por algo pequeño: caminar unas cuadras más, sumar una salida en bicicleta por semana o reservar un rato del fin de semana para jugar juntos.
Como referencia, las recomendaciones internacionales proponen que los chicos y adolescentes de 5 a 17 años realicen, en promedio, al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a intensa a lo largo de la semana.
No significa que tengan que hacer una hora de gimnasio todos los días. Ese movimiento puede aparecer de muchas maneras.
Y si hoy están lejos de esa recomendación, empezar con un poco más de actividad ya es un avance.
No se trata de volver a nuestra infancia
A veces me acuerdo de aquella cancha improvisada y de las tardes jugando con mis hermanos y amigos.
Pero nuestros hijos viven en otra época, con otras posibilidades y otras formas de divertirse.
No necesitan crecer exactamente como crecimos nosotros.
Lo que sí necesitan es tener oportunidades para correr, jugar, explorar, compartir y descubrir qué actividades disfrutan.
Moverse ayuda a cuidar el corazón, pero también favorece el sueño, la salud ósea, el bienestar emocional y muchos otros aspectos del crecimiento.
Y si además encontramos alguna actividad que podamos compartir con ellos, mejor todavía.
Quizás no tengamos aquella cancha de nuestra infancia.
Pero siempre podemos buscar un lugar para seguir jugando.
Este artículo brinda información general y no reemplaza una evaluación médica individual.